hacían eso habían sido castigados injustamente. Esos eran los grandes hombres cuyos nombres estaban en el Richmal Magnall’s Questions. La historia trataba enteramente de esos hombres y de lo que hacían, y de eso trataba el Peter Parley’s Tales about Greece and Rome. El propio Peter Parley salía en la primera página en un dibujo. Había un camino sobre un brezal con hierba a los lados y pequeños arbustos: y Peter Parley llevaba un sombrero de ala ancha como un ministro protestante y un gran bastón, y caminaba deprisa por el camino hacia Grecia y Roma.
Era fácil lo que tenía que hacer. Todo lo que tenía que hacer era cuando la cena hubiera terminado y saliera a su vez para seguir caminando pero no hacia el pasillo sino por la escalera de la derecha que llevaba al castillo.
No tenía más que hacer que eso; torcer a la derecha y subir rápido por la escalera y en medio minuto estaría en el pasillo bajo, oscuro y estrecho que conducía a través del castillo hasta la habitación del rector.
Y todos los muchachos habían dicho que no era justo, incluso el muchacho de segundo de gramática que había dicho aquello sobre el senado y el pueblo romano.
¿Qué pasaría? Oyó a los muchachos de la línea superior ponerse de pie al fondo del refectorio y oyó sus pasos al bajar por la estera: Paddy Rath y Jimmy Magee y el español y el portugués y el quinto era el gran Corrigan, a quien el señor Gleeson iba a zurrar. Por eso el prefecto de estudios lo había llamado intrigante y le había dado con la férula sin motivo; y, esforzando sus débiles ojos, cansados de las lágrimas, vio pasar en fila los anchos hombros y la enorme cabeza gacha y negra del gran Corrigan. Pero él había hecho algo y, además, el señor Gleeson no le zurraría fuerte; y recordó el aspecto del gran Corrigan en la piscina. Tenía la piel del