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nydus/A Portrait of the Artist as a Young ManPublic
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III

arrepentido. > > No. No quisiste. Te burlaste de los ministros de la santa religión, le diste la espalda al confesionario, te revolcaste cada vez más hondo en el fango del pecado. Dios te suplicó, te amenazó, te rogó que volvieras a Él. > > Oh, qué vergüenza, qué miseria! El Gobernador del universo te suplicó, a ti, criatura de barro, que amaras a Quien te hizo y que guardaras Su ley. No. No quisiste. Y ahora, aunque inundaras todo el infierno con tus lágrimas si todavía pudieras llorar, todo ese mar de arrepentimiento no te conseguiría lo que una sola lágrima de verdadero arrepentimiento derramada durante tu vida mortal te habría conseguido. Suplicas ahora un momento de vida terrenal para arrepentirte: en vano. Ese tiempo se ha ido:

—Tal es el triple aguijón de la conciencia, la víbora que roe las entrañas mismas de los réprobos en el infierno, de modo que, llenos de furia infernal, se maldicen a sí mismos por su insensatez y maldicen a los malos compañeros que los condujeron a tal ruina y maldicen a los demonios que los tentaron en vida y ahora se burlan de ellos en la eternidad e incluso injurian y maldicen al Ser Supremo Cuya bondad y paciencia desdeñaron y menospreciaron, pero Cuya justicia y poder no pueden evadir.

—El siguiente dolor espiritual al que son sometidos los condenados es el dolor de extensión. El hombre, en esta vida terrenal, aunque sea capaz de muchos males, no es capaz de todos ellos a la vez, por cuanto un mal corrige y contrarresta a otro, así como un veneno corrige frecuentemente a otro. En el infierno, por el contrario, un tormento, en lugar de contrarrestar a otro, le presta aún mayor fuerza: y, además, así como las facultades

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