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nydus/A Portrait of the Artist as a Young ManPublic
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V.

mundo. > > Esto no. En absoluto. Deseo apretar contra mi pecho la hermosura que aún no ha

10 de abril: Débilmente, bajo la noche espesa, a través del silencio de la ciudad que ha pasado de los sueños al sueño sin sueños como un amante fatigado a quien ninguna caricia conmueve, el sonido de cascos sobre el camino. No tan débilmente ahora al acercarse al puente; y en un instante, al pasar ante las ventanas oscurecidas, el silencio es hendido por la alarma como por una flecha. Se oyen ahora a lo lejos, cascos que brillan en la noche espesa como gemas, apresurándose más allá de los campos dormidos hacia qué final de viaje —¡qué corazón?—, portando qué nuevas?

11 de abril: Leí lo que escribí anoche. Palabras vagas para una emoción vaga. ¿Le gustaría? Creo que sí. Entonces tendría que gustarme a mí también.

13 de abril: Ese embudo lleva mucho tiempo rondándome la cabeza. Lo busqué y resulta que es inglés y, además, del buen y viejo inglés contundente. ¡Que le den por culo al jefe de estudios y a su embudo! ¿A qué vino aquí, a enseñarnos su propio idioma o a aprenderlo de nosotros? ¡Que le den por culo de un modo u otro!

14 de abril: John Alphonsus Mulrennan acaba de volver del oeste de Irlanda. Los periódicos europeos y asiáticos, sírvanse copiar esto. Nos contó que allí conoció a un viejo en una cabaña en la montaña. El viejo tenía los ojos rojos y una pipa corta. El viejo hablaba irlandés. Mulrennan hablaba irlandés. Luego el viejo y Mulrennan hablaron en inglés. Mulrennan le habló del universo y de las estrellas. El viejo se sentó, escuchó, fumó, escupió. Luego dijo:

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