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nydus/A Portrait of the Artist as a Young ManPublic
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II

El tío Charles fumaba un tabaco trenzado tan negro que al fin su sobrino le sugirió que disfrutara de su fumada matutina en un pequeño cobertizo al fondo del jardín.

—Muy bien, Simón. Todo tranquilo, Simón —dijo el viejo con tranquilidad—. Donde tú quieras. El cobertizo me irá muy bien: será más salubre.

—Que me aspen, dijo el señor Dedalus con franqueza, si sé cómo puedes fumar un tabaco tan infame y horrible. Es como pólvora, por Dios.

―Es muy agradable, Simon, respondió el viejo. Muy fresco y suavizante.

Cada mañana, por tanto, el tío Charles se dirigía a su cobertizo, pero no antes de haberse untado y cepillado escrupulosamente los cabellos de la nuca y de haberse cepillado y calado el sombrero de copa.

Mientras fumaba, el ala de su sombrero de copa y la cazoleta de su pipa apenas se vislumbraban más allá de los quicios de la puerta del cobertizo.

Su cenador, como llamaba al hediondo cobertizo que compartía con el gato y los aperos de jardín, le servía también de caja de resonancia: y cada mañana tatarareaba satisfecho una de sus canciones favoritas: O, Twine Me a Bower o Blue Eyes and Golden Hair o The Groves of Blarney mientras las espirales de humo gris y azul ascendían lentamente de su pipa y se desvanecían en el aire puro.

Durante la primera parte del verano en Blackrock el tío Charles fue el compañero constante de Stephen.

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