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nydus/A Portrait of the Artist as a Young ManPublic
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II

Ahora parecía que iba a fracasar de nuevo pero, a fuerza de cavilar sobre el incidente, se infundió confianza a sí mismo.

Durante este proceso, todos aquellos elementos que consideraba vulgares e insignificantes desaparecieron de la escena. No quedó rastro ni del tranvía mismo, ni de los tranviarios, ni de los caballos; ni tampoco aparecían él y ella con viveza. Los versos hablaban únicamente de la noche, de la brisa balsámica y del brillo virginal de la luna.

Cierta pena indefinida se ocultaba en los corazones de los protagonistas mientras permanecían en silencio bajo los árboles des hoja, y, cuando llegó el momento de la despedida, el beso, que uno había retenido, se lo dieron ambos.

Tras esto, las letras L.D.S. fueron escritas al pie de la página y, tras haber escondido el libro, entró en el dormitorio de su madre y contempló su rostro durante un largo rato en el espejo del tocador de ella.

Pero su largo periodo de ocio y libertad estaba tocando a su fin.

Una tarde su padre volvió a casa lleno de noticias que mantuvieron su lengua ocupada durante toda la cena. Stephen había estado esperando el regreso de su padre, pues aquel día había estofado de cordero y sabía que su padre le haría mojar el pan en la salsa. Pero el estofado no le supo a nada porque la mención de Clongowes había cubierto su paladar con una película de repugnancia.

—Me lo llevé por delante, dijo el señor Dedalus por cuarta vez, justo en la esquina de la plaza.

—Entonces supongo —dijo la señora Dedalus—, que podrá arreglarlo. Me refiero a lo de Belvedere.

—Claro que lo hará —dijo el señor Dedalus—. ¿No te digo que ahora es provincial de la orden?

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