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nydus/A Portrait of the Artist as a Young ManPublic
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IV. Weekly Devotions

Cada parte de su día, dividida por lo que ahora consideraba los deberes de su posición en la vida, giraba en torno a su propio centro de energía espiritual.

Su vida parecía haberse acercado a la eternidad; cada pensamiento, palabra y obra, cada destello de conciencia podía hacerse revibrar radiantemente en el cielo; y a veces su sentido de una repercusión tan inmediata era tan vivo que le parecía sentir su alma en la devoción pulsando como dedos el teclado de una gran caja registradora y ver la cantidad de su compra brotar de inmediato en el cielo, no como un número sino como una frágil columna de incienso o como una esbelta flor.

Los rosarios también, que rezaba constantemente —pues llevaba las cuentas sueltas en los bolsillos de los pantalones para poder desgranarlas mientras caminaba por las calles—, se transformaban en guirnaldas de flores de una textura tan vaga e incorpórea que se le anto-jaban tan incoloras e inodoras como carentes de nombre. Ofrecía cada una de sus tres coronillas diarias para que su alma se fortaleciera en cada una de las tres virtudes teologales, en la fe en el Padre que lo había creado, en la esperanza en el Hijo que lo había redimido y en el amor al Espíritu Santo que lo había santificado; y esta oración tres veces triple la ofrecía a las Tres Personas a través de María, en nombre de sus misterios gozosos, dolorosos y gloriosos.

En cada uno de los siete días de la semana rogaba además para que uno de los siete dones del Espíritu Santo descendiera sobre su alma y expulsara de ella día a día los siete pecados capitales que la habían mancillado en el pasado; y suplicaba por cada don en su día correspondiente, confiado en que descendería sobre él, aunque a veces le parecía extraño que la sabiduría, la inteligencia y la ciencia fueran de naturaleza tan distinta como para pedir por cada una de ellas separadamente de las demás.

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