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nydus/A Portrait of the Artist as a Young ManPublic
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IV. Weekly Devotions

conciencia vagamente y sin pesar de una primera y silenciosa separación de sus vidas.

¡La universidad! ¡De modo que había superado el desafío de los centinelas que se habían erigido en guardianes de su infancia y habían querido retenerlo entre ellos para someterlo y servir a sus fines!

El orgullo tras la satisfacción lo elevó como largas y lentas olas. El fin al que había nacido para servir, aunque aún no lo veía, lo había llevado a escapar por un sendero invisible y ahora lo volvía a llamar y una nueva aventura estaba a punto de abrirse ante él.

Le pareció oír notas de música caprichosa que ascendían un tono y descendían una cuarta disminuida, ascendían un tono y descendían una tercera mayor, como llamas de tres ramificaciones que saltaban intermitentemente, llama tras llama, desde un bosque de medianoche. Era un preludio feérico, interminable y sin forma; y a medida que se hacía más salvaje y rápido, con las llamas saltando a destiempo, le pareció escuchar de bajo las ramas y las hierbas a criaturas salvajes corriendo, con sus pisadas repiqueteando como la lluvia sobre las hojas.

Sus pisadas cruzaron en un estruendo repiqueteante por su mente, las patas de liebres y conejos, las pezuñas de ciervos, corzos y antílopes, hasta que dejó de oírlas y solo recordó una orgullosa cadencia de Newman:

―Cuyos pies son como pies de ciervos, y debajo de los brazos eternos.

El orgullo de esa tenue imagen devolvió a su mente la dignidad del cargo que había rechazado. Durante toda su infancia había meditado en aquello que tantas veces había creído ser su destino y, cuando llegó el momento de obedecer la llamada, se había apartado, obedeciendo a un instinto caprichoso. Ahora el tiempo seinterponía: los óleos de la ordenación jamás ungirían su cuerpo.

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