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V. La bandera del mundo

Pero el suicida insulta a todo lo que hay en la tierra al no robarlo. Profana cada flor al negarse a vivir por amor a ella. No hay una sola criatura diminuta en el cosmos ante la cual su muerte no sea una mueca de desprecio. Cuando un hombre se ahorca en un árbol, las hojas podrían caerse de ira y los pájaros volar furiosos: pues cada uno ha recibido una afrenta personal.

Por supuesto, puede haber patéticas excusas emocionales para el acto. A menudo las hay para la violación, y casi siempre las hay para la dinamita.

Pero si se trata de ideas claras y del significado inteligente de las cosas, entonces hay mucha más verdad racional y filosófica en el entierro en la encrucijada y la estaca clavada en el cuerpo que en las máquinas automáticas suicidas del señor Archer.

Hay un significado en enterrar al suicida aparte. El crimen de este hombre es diferente de otros crímenes, pues hace que hasta los crímenes sean imposibles.

Por entonces leí una solemne frivolidad de algún librepensador: decía que un suicida era exactamente lo mismo que un mártir. La evidente falacia de esto ayudó a esclarecer la cuestión.

  • Obviamente, un suicida es lo contrario de un mártir.
  • Un mártir es un hombre que se preocupa tanto por algo ajeno a él, que se olvida de su propia vida personal.
  • Un suicida es un hombre que se preocupa tan poco por cualquier cosa ajena a él, que quiere ver el final de todo.

Uno quiere que algo comience; el otro quiere que todo termine.

En otras palabras, el mártir es noble, precisamente porque (por mucho que renuncie al mundo o execre a toda la humanidad) confiesa este

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