generalizaciones modernas; leí un poco de historia. Y en la historia descubrí que el cristianismo, lejos de pertenecer a la Edad Media, fue el único camino a través de la Edad Media que no era oscuro. Fue un puente resplandeciente que conectaba dos civilizaciones resplandecientes. Si alguien dice que la fe surgió en la ignorancia y el salvajismo, la respuesta es simple: no fue así. Surgió en la civilización mediterránea, en pleno verano del Imperio romano. El mundo rebosaba de escépticos, y el panteísmo era tan evidente como el sol, cuando Constantino clavó la cruz en el mástil. Es perfectamente cierto que después el barco se hundió; pero resulta mucho más extraordinario que el barco volviera a flote: repintado y brillante, con la cruz todavía en la cima. Esto es lo asombroso que hizo la religión: convirtió un barco hundido en un submarino. El arca sobrevivió bajo el peso de las aguas; tras haber quedado sepultados bajo los escombros de dinastías y clanes, resurgimos y recordamos a Roma. Si nuestra fe hubiera sido una mera moda pasajera del imperio agonizante, una moda habría seguido a otra en la penumbra, y si la civilización hubiera llegado a reemergir (y muchas de este tipo jamás lo han hecho), lo habría hecho bajo alguna nueva bandera bárbara. Pero la Iglesia cristiana fue la última vida de la vieja sociedad y fue también la primera vida de la nueva. Tomó a la gente que estaba olvidando cómo construir un arco y les enseñó a inventar el arco ojival. En una palabra, lo más absurdo que se puede decir de la Iglesia es lo que todos le hemos oído decir. ¿Cómo podemos decir que la Iglesia desea devolvernos a la Edad Media? La Iglesia fue lo único que nos sacó de ella.
Añadí en esta segunda trinidad de objeciones un ejemplo ocioso tomado de quienes sienten que pueblos como el de los irlandeses se ven