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VII. La Revolución Eterna

milagrosa han admitido solemnemente que una característica de los grandes santos es su poder de «levitación». Podrían ir más lejos; una característica de los grandes santos es su poder de leviedad. Los ángeles pueden volar porque pueden tomarse a sí mismos a la ligera. Este ha sido siempre el instinto de la Cristiandad, y especialmente el instinto del arte cristiano. Recordad cómo Fray Angélico representaba a todos sus ángeles, no solo como pájaros, sino casi como mariposas. Recordad cómo el arte medieval más ferviente estaba lleno de draperías ligeras y ondeantes, de pies rápidos y retozones. Era la única cosa que los prerrafaelistas modernos no podían imitar en los prerrafaelistas reales. Burne-Jones jamás pudo recuperar la profunda leviedad de la Edad Media. En los viejos cuadros cristianos el cielo sobre cada figura es como un paracaídas azul o dorado. Cada figura parece lista para volar y flotar por los cielos. La capa desgarrada del mendigo lo sostendrá como las plumas radiantes de los ángeles. Pero los reyes con su pesado oro y los soberbios con sus mantos de púrpura se hundirán todos por su naturaleza hacia abajo, pues el orgullo no puede elevarse hacia la leviedad o la levitación. El orgullo es el arrastre hacia abajo de todas las cosas hacia una solemnidad fácil. Uno «se instala» en una especie de seriedad egoísta; pero uno tiene que elevarse hacia un alegre olvido de sí mismo. Un hombre «cae» en un devaneo ensimismado; alcanza el azul del cielo. La seriedad no es una virtud. Sería una herejía, pero una herejía mucho más sensata, decir que la seriedad es un vicio. Es en verdad una tendencia natural o un deslizamiento hacia el tomarse a uno mismo con gravedad, porque es lo más fácil de hacer. Es mucho más fácil escribir un buen artículo de fondo en el Times que una buena broma en el Punch. Pues la solemnidad brota de los hombres de manera natural; mas la risa es un salto. Es fácil ser pesado: difícil ser ligero. Satanás cayó por la fuerza de la gravedad.

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