científica del castigo», puedes seguir hablando así durante horas con apenas un movimiento de la materia gris dentro de tu cráneo. * Pero si empiezas diciendo: «Quiero que Jones vaya a la cárcel y que Brown decida cuándo sale Jones», descubrirás, con un estremecimiento de horror, que estás obligado a pensar. Las palabras largas no son las palabras difíciles; las palabras difíciles son las cortas. Hay mucha más sutileza metafísica en la palabra «maldita sea» que en la
Pero estas largas y cómodas palabras que ahorran a la gente moderna el esfuerzo de razonar tienen un aspecto particular en el que resultan especialmente ruinosas y confusas.
Esta dificultad se presenta cuando la misma palabra larga se utiliza en diferentes contextos para significar cosas bastante distintas. Así, por tomar un ejemplo conocido, la palabra «idealista» tiene un significado como concepto filosófico y uno muy diferente como recurso de retórica moral.
Del mismo modo, los materialistas científicos han tenido justas razones para quejarse de que la gente confunda el término «materialista» como concepto cosmológico con el «materialista» como reproche moral. Así también, por poner un ejemplo más trivial, el hombre que detesta a los «progresistas» en Londres siempre se autodenomina «progresista» en Sudáfrica.
Una confusión tan carente de sentido como esta ha surgido en relación con la palabra «liberal» aplicada a la religión y aplicada a la política y a la sociedad. A menudo se sugiere que todos los liberales deberían ser libres pensadores, puesto que deberían amar todo lo que es libre. Podría decirse exactamente igual que todos los idealistas deberían ser anglicanos devotos