Ahora bien, como explico en la introducción, he decidido en estos primeros capítulos ofrecer no tanto el diagrama de una doctrina como algunas imágenes de un punto de vista. Y he descrito largamente mi visión del maníaco por esta razón: porque así como me afecta el maníaco, así me afecta la mayoría de los pensadores modernos. Ese tono o matiz inconfundible que escucho desde Hanwell, lo escucho también desde la mitad de las cátedras de ciencia y los centros de aprendizaje de hoy; y la mayoría de los médicos de locos son médicos de locos en más de un sentido. Todos tienen exactamente esa combinación que hemos señalado: la combinación de una razón expansiva y exhaustiva con un sentido común contraído. Son universales únicamente en el sentido de que toman una explicación endeble y la llevan muy lejos. Pero un patrón puede extenderse infinitamente y seguir siendo un patrón pequeño. Ven un tablero de ajedrez blanco sobre negro, y si el universo está pavimentado con él, sigue siendo blanco sobre negro. Al igual que el lunático, no pueden alterar su punto de vista; no pueden hacer un esfuerzo mental y ver de repente negro sobre blanco.
Tomemos primero el caso más evidente del materialismo. Como explicación del mundo, el materialismo posee una especie de simplismo demencial. Tiene exactamente la cualidad del argumento de un loco; nos transmite al mismo tiempo la sensación de que lo abarca todo y la de que lo deja todo fuera. Contemplen a algún materialista capaz y sincero, como, por ejemplo, el señor McCabe, y experimentarán exactamente esta sensación única. Él lo comprende todo, y todo no parece digno de ser comprendido. Su cosmos estará completo en cada remache y rueda dentada, pero aun así su cosmos es más pequeño que nuestro mundo. De algún modo su sistema, al igual que el lúcido sistema del loco, parece ajeno a las energías