cuento hay un cuentista.
Pero el pensamiento moderno también atentó contra mi segunda tradición humana. Iba en contra de la sensación de cuento de hadas sobre los límites y las condiciones estrictas. Lo único de lo que le gustaba hablar era de la expansión y la grandeza.
A Herbert Spencer le habría molestado muchísimo que alguien lo hubiera tildado de imperialista, y por eso es sumamente lamentable que nadie lo hiciera. Pero era un imperialista de la peor calaña.
Popularizó esa noción despreciable de que el tamaño del sistema solar debería avasallar el dogma espiritual del hombre.
¿Por qué habría un hombre de rendir su dignidad ante el sistema solar más que ante una ballena?
Si el mero tamaño prueba que el hombre no es la imagen de Dios, entonces una ballena puede ser la imagen de Dios; una imagen algo amorfa; lo que uno podría llamar un retrato impresionista.
Es completamente fútil argumentar que el hombre es pequeño en comparación con el cosmos; pues el hombre siempre fue pequeño en comparación con el árbol más cercano.