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IX. La autoridad y el aventurero

alguien que camina por la tierra como un juicio viviente y esta energía que puede morir con una civilización moribunda y, sin embargo, obligarla a resucitar de entre los muertos; esta energía que, por último, puede inflamar a un campesinado en bancarrota con una fe tan firme en la justicia que consiguen lo que piden, mientras otros se van con las manos vacías; de modo que la isla más desamparada del Imperio puede en realidad valerse

Hay una respuesta: es una respuesta decir que la energía proviene verdaderamente de fuera del mundo; que es psíquica, o al menos uno de los resultados de una auténtica perturbación psíquica. La más alta gratitud y respeto se deben a las grandes civilizaciones humanas como la del viejo Egipto o la actual China. Sin embargo, no supone ninguna injusticia decir que solo la Europa moderna ha exhibido incansablemente un poder de autorrenovación que reaparece a menudo en los intervalos más cortos y desciende hasta los detalles más pequeños de la arquitectura o la indumentaria. Todas las demás sociedades mueren finalmente y con dignidad. Nosotros morimos a diario. Renacemos constantemente con una obstetricia casi indecorosa. Apenas es una exageración decir que existe en la Cristiandad histórica una especie de vida antinatural: podría explicarse como una vida sobrenatural. Podría explicarse como una terrible vida galvánica operando en lo que habría sido un cadáver. Pues nuestra civilización debería haber muerto, según todos los paralelos, según toda probabilidad sociológica, en el Ragnarök del ocaso de Roma. Esa es la extraña inspiración de nuestra condición: usted y yo no tenemos ninguna razón para estar aquí. Todos somos revenants; todos los cristianos vivos son paganos muertos que caminan por ahí. Justo cuando Europa estaba a punto de ser recogida en silencio junto a Asiria y Babilonia, algo penetró en su cuerpo. Y Europa ha tenido una vida extraña —no es exagerado decir que ha tenido los santos viejos— desde entonces.

Me he ocupado extensamente de estas típicas tríadas de duda con el fin de transmitir mi tesis principal: que mi propia defensa del cristianismo es

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