Sugieren que a lo largo de los siglos nos hemos vuelto cada vez más humanos; es decir, que, uno tras otro, grupos o sectores de seres —esclavos, niños, mujeres, vacas o lo que sea— han sido admitidos gradualmente a la clemencia o a la justicia. Dicen que en otro tiempo consideramos correcto comernos a los hombres (no fue así); pero aquí no me ocupa su historia, que carece por completo de rigor histórico. De hecho, la antropofagia es sin duda algo decadente, no primitivo. Es mucho más probable que el hombre moderno llegue a comer carne humana por afectación a que el hombre primitivo la haya comido jamás por ignorancia. Me limito aquí a seguir los contornos de su argumento, que consiste en sostener que el hombre ha sido progresivamente más clemente, primero con los ciudadanos, luego con los esclavos, después con los animales y, por último (presumiblemente), con las plantas. > Me parece mal sentarme sobre un hombre. Pronto me parecerá mal sentarme sobre un caballo. Con el tiempo (supongo) me parecerá mal sentarme sobre una silla. Ese es el motor del argumento. Y de este argumento puede decirse que es posible hablar de él en términos de evolución o de progreso inevitable. Una tendencia perpetua a tocar cada vez menos cosas podría ser, según se siente, una mera tendencia bruta e inconsciente, como la de una especie a procrear cada vez menos hijos. Esta deriva puede ser verdaderamente evolutiva, porque es
El darwinismo puede utilizarse para respaldar dos moralidades dementes, pero no puede utilizarse para respaldar ni una sola que sea sensata. El parentesco y la competencia de todas las criaturas vivas pueden servir como motivo para ser absurdamente cruel o absurdamente sentimental; pero no para un amor saludable hacia los animales.