profundamente cristiana en este sentido práctico: es un intento de conocer la opinión de aquellos que serían demasiado modestos para ofrecerla. Es una aventura mística; es confiar de manera especial en quienes no confían en sí mismos. Ese enigma es estrictamente propio de la Cristiandad. No hay nada verdaderamente humilde en la abnegación del budista; el amable hindú es amable, pero no es manso. Sin embargo, hay algo psicológicamente cristiano en la idea de buscar la opinión de los oscuros en lugar de seguir el camino obvio de aceptar la opinión de los prominentes. Decir que votar es particularmente cristiano puede parecer un tanto curioso. Decir que hacer campaña electoral es cristiano puede parecer de rematados locos. Pero la campaña electoral es muy cristiana en su idea primordial. Es alentar al humilde; es decirle al hombre modesto: «Amigo, sube más arriba». O si hay algún leve defecto en la campaña electoral, que reside en su piedad perfecta y redonda, se debe únicamente a que posiblemente pueda descuidar el alentar la modestia del propio candidato.
La aristocracia no es una institución: la aristocracia es un pecado; por lo general, muy venial. Es meramente la deriva o el deslizamiento de los hombres hacia una especie de pompa natural y alabanza del poderoso, lo cual es el asunto más fácil y obvio del mundo.
Es una de las cien respuestas a la perversión huidiza de la «fuerza» moderna el hecho de que las agencias más prontas y audaces sean también las más frágiles o llenas de sensibilidad. Las cosas más veloces son las cosas más blandas. Un pájaro es activo porque un pájaro es blando. Una piedra es desvalida porque una piedra es dura. La piedra ha de ir hacia abajo por su propia naturaleza, porque la dureza es debilidad. El pájaro puede ir hacia arriba por su naturaleza, porque la fragilidad es fuerza. En la fuerza perfecta hay una especie de frivolidad, una ligereza que puede sostenerse en el aire. Los investigadores modernos de la historia