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IX. La autoridad y el aventurero

irlandeses— es débil, poco práctica y está atrasada respecto a su tiempo. Solo menciono estas ideas para afirmar lo mismo: que, al examinarlas de manera independiente, descubrí, no que las conclusiones fueran antifilosóficas, sino simplemente que los hechos no eran hechos. En vez de mirar libros y cuadros sobre el Nuevo Testamento, miré el Nuevo Testamento. En él encontré el relato, ni mucho menos de una persona con la raya del pelo en medio o las manos juntas en actitud de ruego, sino de un ser extraordinario con labios de trueno y actos de fulgurante decisión, volcando mesas, expulsando demonios, pasando con la salvaje clandestinidad del viento desde el aislamiento de la montaña hasta una especie de terrible demagogia; un ser que a menudo actuaba como un dios airado, y siempre como un dios. Cristo poseía incluso un estilo literario propio, que no se encuentra, creo yo, en ninguna otra parte; consiste en un uso casi furioso del a fortiori. Su «cuánto más» se amontona uno sobre otro como castillo sobre castillo en las nubes. La dicción empleada para hablar de Cristo ha sido, y tal vez prudentemente, dulce y sumisa. Pero la dicción empleada por Cristo es bastante curiosamente gigantesca; está llena de camellos saltando a través de agujas y montañas arrojadas al mar. Moralmente es igual de terrible; se llamó a sí mismo espada de matanza y dijo a los hombres que compraran espadas aunque tuvieran que vender por ellas sus mantos. El hecho de que usara otras palabras aún más salvajes en favor de la no resistencia aumenta enormemente el misterio; pero también, en todo caso, incrementa más bien la violencia. Ni siquiera podemos explicarlo llamando loco a semejante ser; pues la locura suele discurrir por un canal coherente. El maníaco es generalmente un monomaníaco. Aquí debemos recordar la difícil definición del cristianismo ya dada; el cristianismo es una paradoja sobrehumana por la cual dos pasiones opuestas pueden arder juntas. La única explicación del lenguaje del Evangelio que de verdad lo explica es que se trata de la visión de alguien que desde alguna altura sobrenatural contempla alguna síntesis más sorprendente.

Tomo por orden el siguiente ejemplo que se ofrece: la idea de que el cristianismo pertenece a la Edad Media. Aquí no me conformé con leer

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