Como una conclusión de sentido común, semejante a aquellas a las que llegamos sobre el sexo o sobre la medianoche (sabiendo muy bien que muchos detalles deben por su propia naturaleza ocultarse), concluyo que los milagros ocurren. Me veo obligado a ello por una conspiración de hechos: * el hecho de que los hombres que se encuentran con elfos o ángeles no son los místicos ni los soñadores enfermizos, sino pescadores, granjeros y hombres a la vez rudos y cautelosos; * el hecho de que todos conocemos a hombres que dan testimonio de incidentes espiritistas pero que no son espiritistas; * el hecho de que la ciencia misma admite tales cosas cada día más y más. La ciencia incluso admitirá la Ascensión si la llamas Levitación, y muy probablemente admitirá la Resurrección cuando haya pensado en otra palabra para ella. Sugiero la Regalvanización. Pero el más fuerte de todos es el dilema antes mencionado, el de que estas cosas sobrenaturales nunca se niegan excepto sobre la base de la antidemocracia o del dogmatismo materialista—puedo decir misticismo materialista. El escéptico siempre adopta una de estas dos posturas: o no hay que creerle a un hombre corriente, o no hay que creer en un acontecimiento extraordinario. Porque espero que podamos descartar el argumento contra los prodigios intentado en la mera recapitulación de fraudes, de
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IX. La autoridad y el aventurero
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