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VI. Las paradojas del cristianismo

primigenio, y el significado, una vez descifrado, sería «Los niños pequeños deben decir la verdad». Yo creía en esta doctrina de la hermandad de todos los hombres en la posesión de un sentido moral, y sigo creyendo en ella, junto con otras cosas. Y me molestaba profundamente que el cristianismo sugiriera (como yo suponía) que eras enteros e imperios de hombres se habían escapado por completo de esta luz de la justicia y la razón.

Pero entonces descubrí algo asombroso. Descubrí que los mismos que decían que la humanidad era una sola iglesia desde Platón hasta Emerson eran los mismos que decían que la moralidad había cambiado por completo, y que lo que era correcto en una época era incorrecto en otra.

Si pedía, por ejemplo, un altar, me decían que no necesitábamos ninguno, pues los hombres, nuestros hermanos, nos daban claros oráculos y un solo credo en sus costumbres e ideales universales. Pero si señalaba mansamente que una de las costumbres universales de los hombres era tener un altar, mis maestros agnósticos daban entonces un giro completo y me decían que los hombres siempre habían vivido en la oscuridad y en las supersticiones de los salvajes.

Encontré que su burla diaria contra el cristianismo era que había sido la luz de un solo pueblo y había dejado a todos los demás morir en la oscuridad. Pero también descubrí que era su orgullo particular respecto a sí mismos el que la ciencia y el progreso fueran el descubrimiento de un solo pueblo, y que todos los demás pueblos hubieran muerto en la oscuridad. Su principal insulto al cristianismo era en realidad su principal elogio hacia sí mismos, y parecía haber una extraña injusticia en toda su insistencia relativa en ambas cosas. * Al considerar a algún pagano o agnóstico, debíamos recordar que todos los hombres tenían una sola

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