ciertos escépticos escribieron que el gran crimen del cristianismo había sido su ataque a la familia; había arrastrado a las mujeres a la soledad y la contemplación del claustro, lejos de sus hogares y de sus hijos. Pero, luego, otros escépticos (un poco más avanzados) dijeron que el gran crimen del cristianismo fue habernos impuesto la familia y el matrimonio; que condenó a las mujeres a la pesada rutina de sus hogares e hijos, y les prohibió la soledad y la contemplación. El cargo era, en realidad, opuesto.
O bien, de nuevo, los anticristianos decían que ciertas frases de las Epístolas o del Servicio Matrimonial demostraban desprecio por el intelecto de la mujer. Pero descubrí que los anticristianos mismos sentían desprecio por el intelecto de la mujer; pues su gran burla hacia la Iglesia en el continente era que a ella «solo iban mujeres».