forma correcta. Los hombres escandalosamente altos podrían sentir que es bajo. Los hombres muy bajos podrían sentir que es alto. Los viejos petimetres que están engordando podrían considerarlo insuficientemente lleno; los viejos galanes que se están adelgazando podrían sentir que se excede de las estrechas líneas de la elegancia. Quizás los suecos (que tienen el cabello claro como la estopa) lo llamaban un hombre moreno, mientras que los negros lo consideraban decididamente rubio. Quizás (en resumen) esta cosa extraordinaria sea en realidad la cosa ordinaria; al menos la cosa normal, el centro. > Quizás, después de todo, sea el cristianismo el que está cuerdo y todos sus críticos los que están
Probé esta idea preguntándome si había en alguno de los acusadores algo morboso que pudiera explicar la acusación. Me sorprendió descubrir que esta llave encajaba en una cerradura. Por ejemplo, resultaba ciertamente extraño que el mundo moderno acusara al cristianismo al mismo tiempo de austeridad corporal y de pompa artística. Pero entonces también resultaba extraño, muy extraño, que el mundo moderno combinara en sí mismo un lujo corporal extremo con una ausencia extrema de pompa artística. El hombre moderno consideraba las túnicas de Becket demasiado ricas y sus comidas demasiado pobres. Pero entonces el hombre moderno era realmente excepcional en la historia; ningún hombre antes había comido cenas tan elaboradas con ropa tan fea. El hombre moderno encontraba la iglesia demasiado simple exactamente allí donde la vida moderna es demasiado compleja; encontraba la iglesia demasiado ostentosa exactamente allí donde la vida moderna es demasiado desaliñada. El hombre al que no le gustaban los ayunos y