Por lo tanto, puesto que he aceptado la Cristiandad como madre y no meramente como un ejemplo fortuito, he vuelto a encontrar Europa y el mundo como el pequeño jardín donde contemplaba las formas simbólicas del gato y el rastrillo; miro todo con la antigua ignorancia y expectación feéricas. Tal o cual rito o doctrina pueden parecer tan feos y extraordinarios como un rastrillo; pero por experiencia he descubierto que tales cosas terminan de algún modo en hierba y flores. Un clérigo puede ser Aparentemente tan inútil como un gato, pero también resulta igual de fascinante, pues debe de haber alguna extraña razón para su existencia. Doy un ejemplo entre cien; no tengo por mí mismo un parentesco instintivo con ese entusiasmo por la virginidad física, que ha sido ciertamente una nota de la Cristiandad histórica. Pero cuando no me miro a mí mismo sino al mundo, percibo que este entusiasmo no es solo una nota de la Cristiandad, sino una nota del Paganismo, una nota de la alta naturaleza humana en muchos ámbitos. Los griegos sintieron la virginidad cuando esculpieron a Artemisa, los romanos cuando vistieron a las vestales, el peor y más salvaje de los grandes dramaturgos isabelinos se aferró a la pureza literal de una mujer como al pilar central del mundo. Sobre todo, el mundo moderno (incluso mientras se burla de la inocencia sexual) se ha lanzado a una generosa idolatría de la inocencia sexual: el gran culto moderno a los niños. Pues cualquier hombre que ame a los niños coincidirá en que su belleza peculiar se resiente con un toque de sexo físico. Con toda esta experiencia humana, unida a la autoridad cristiana, simplemente concluyo que yo estoy equivocado y la iglesia tiene razón; o más bien que yo soy imperfecto, mientras que la iglesia es universal. Se necesita de todo para hacer una iglesia; ella no me pide que sea célibe. Pero el hecho de que yo no aprecie a los célibes, lo acepto como el hecho de que no tengo oído para la música. La mejor experiencia humana está en mi contra, como lo está en el tema de Bach.
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IX. La autoridad y el aventurero
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