materialista es el cosmos verdadero, no es gran cosa como cosmos. La cosa se ha encogido. La divinidad es menos divina que muchos hombres; y (según Haeckel) el conjunto de la vida es algo mucho más gris, estrecho y trivial que muchos de sus aspectos separados. Las partes parecen más grandes que el todo.
Porque debemos recordar que la filosofía materialista (sea verdadera o no) es sin duda mucho más limitadora que cualquier religión.
En un sentido, por supuesto, todas las ideas inteligentes son estrechas. No pueden ser más amplias que ellas mismas.
Un cristiano solo está restringido en el mismo sentido en que un ateo está restringido. No puede pensar que el cristianismo es falso y seguir siendo cristiano; y el ateo no puede pensar que el ateísmo es falso y seguir siendo ateo.
Pero da la casualidad de que hay un sentido muy especial en el que el materialismo tiene más restricciones que el espiritualismo.
El señor McCabe me considera un esclavo porque no se me permite creer en el determinismo. Yo considero al señor McCabe un esclavo porque no se le permite creer en las hadas. Pero si examinamos ambas prohibiciones, veremos que la suya es, en realidad, mucho más una prohibición pura que la mía.
El cristiano tiene total libertad para creer que hay una cantidad considerable de orden establecido y de evolución inevitable en el universo. Pero al materialista no se le permite admitir en su impecable máquina la más mínima mota de espiritualismo o milagro. Al pobre señor McCabe no se le permite conservar ni al diablillo más insignificante, aunque pudiera estar escondido en una anagálida.