al acto del matrimonio, es en realidad una objeción a cualquier acto. Todo acto es una selección y una exclusión irrevocables. * Del mismo modo que al casarte con una mujer renuncias a todas las demás, al emprender un curso de acción renuncias a todos los demás cursos. * Si te conviertes en Rey de Inglaterra, renuncias al puesto de bedel en Brompton. * Si vas a Roma, sacrificas una vida rica y
Es la existencia de este lado negativo o limitador de la voluntad lo que hace que la mayor parte de las charlas de los adoradores anárquicos de la voluntad no pasen de ser tonterías.
Por ejemplo, el señor John Davidson nos dice que no queramos saber nada del «No matarás»*; pero es sin duda obvio que el «No matarás» es solo uno de los corolarios necesarios del «Quiero».
«Iré al desfile del Lord Mayor, y tú no me lo impedirás».