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VIII. El romance de la ortodoxia

( High Churchmen ), puesto que deberían amar todo lo que es elevado ( high ). Podría decirse también que los anglicanos bajos ( Low Churchmen ) deberían gustar de la misa baja ( Low Mass ), o que los anglicanos moderados ( Broad Churchmen ) deberían gustar de los chistes vulgares ( broad jokes ). La cuestión es un mero accidente de palabras. En la Europa moderna real, un libre pensador no significa un hombre que piensa por sí mismo. Significa un hombre que, habiendo pensado por sí mismo, ha llegado a una clase particular de conclusiones: el origen material de los fenómenos, la imposibilidad de los milagros, la improbabilidad de la inmortalidad personal, etcétera. Y ninguna de estas ideas es particularmente liberal. Es más, de hecho, casi todas estas ideas son decididamente iliberales, tal como es el propósito de este capítulo demostrar.

En las pocas páginas siguientes me propongo señalar con la mayor rapidez posible que en cada uno de los asuntos en los que más insisten los liberalizadores de la teología, su efecto sobre la práctica social sería indudablemente iliberal. Casi ninguna propuesta contemporánea para introducir la libertad en la iglesia es más que una propuesta para introducir la tiranía en el mundo. Pues liberar a la iglesia ahora ni siquiera significa liberarla en todas direcciones. Significa liberar ese conjunto peculiar de dogmas vagamente llamados científicos, dogmas de monismo, de panteísmo, de arrianismo o de necesidad. Y se puede demostrar que cada uno de ellos (y los iremos tomando uno por uno) es el aliado natural de la opresión. De hecho, es una circunstancia notable (aunque en realidad no tan notable cuando uno se pone a pensar en ello) que la mayoría de las cosas sean aliadas de la opresión. Hay una sola cosa que jamás puede sobrepasar cierto límite en su alianza con la opresión: y esa es la ortodoxia. Es verdad

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