le enviara alguna descripción de la gente que nos rodea. Está curiosamente empleado en la actualidad, pues, siendo astrónomo aficionado, posee un excelente telescopio con el que se tiende en el tejado de su propia casa y escruta el páramo todo el día con la esperanza de vislumbrar al convicto fugado. Si limitara sus energías a esto, todo iría bien, pero hay rumores de que pretende denunciar al Dr. Mortimer por abrir una tumba sin el consentimiento de los parientes más cercanos, debido a que desenterró la calavera neolítica en el túmulo de Long Down. Contribuye a que nuestras vidas no sean monótonas y aporta un pequeño alivio cómico allí donde tanta falta hace. Y ahora, habiéndole puesto al corriente sobre el convicto fugado, los Stapleton, el Dr. Mortimer y Frankland, de Lafter Hall, permítame terminar con lo más importante y contarle más acerca de los Barrymore, y en especial sobre el sorprendente acontecimiento de anoche. En primer lugar, sobre el telegrama de prueba que envió desde Londres para cerciorarse de que Barrymore estaba realmente aquí. Ya he explicado que el testimonio del jefe de correos demuestra que la prueba no sirvió de nada y que no tenemos pruebas ni en un sentido ni en otro. Le conté a Sir Henry cómo estaba el asunto, y él, con su franqueza característica, hizo subir inmediatamente a Barrymore y le preguntó si él mismo había recibido el telegrama. Barrymore contestó que sí. > —¿Te entregó el muchacho el pliego en tus propias manos? —le preguntó Sir Henry. Barrymore puso cara de sorpresa y se lo pensó un momento. > —No —dijo—, yo estaba en el cuarto trastero en ese momento, y mi mujer me lo subió. >
Table of Contents
VIII. First Report of Dr. Watson
117