aunque se veía gris sobre un fondo negro. Nos pareció que se trataba de una posdata al final de la carta y decía: «Por favor, por favor, como caballero que es, queme esta carta y esté junto a la verja a las diez en punto». Debajo estaban firmadas las iniciales L. L. —¿Conservan ese fragmento? —No, caballero, se desmoronó por completo en cuanto lo tocamos. —¿Había recibido Sir Charles alguna otra carta con la misma caligrafía? —Mire, caballero, yo no prestaba especial atención a su correspondencia. No me habría fijado en esta de no ser porque dio la casualidad de que llegó sola. —¿Y no tiene idea de quién es L. L.? —No, señor. Ni la más remota. Pero supongo que, si pudiéramos echarle mano a esa dama, sabríamos mucho más sobre la muerte de Sir Charles. —No alcanzo a comprender, Barrymore, cómo se le ocurrió ocultar una información tan importante. —Verá, caballero, fue justo después de eso cuando nos sobrevino nuestra propia desgracia. Y además, señor, los dos queríamos mucho a Sir Charles, como era natural teniendo en cuenta todo lo que había hecho por nosotros. Remover todo esto no iba a servir de ayuda a nuestro pobre amo, y es mejor andarse con pies de plomo cuando hay una dama de por medio. Incluso los mejores de nosotros…
Table of Contents
Diario
152