quedado totalmente aclaradas por la investigación judicial, pero al menos se ha hecho lo suficiente para disipar aquellos rumores a los que ha dado pie la superstición local. No hay razón alguna para sospechar de una muerte violenta ni para imaginar que esta se debiera a otra causa que no fuera natural. Sir Charles era viudo y un hombre que, en cierto modo, podría decirse que tenía hábitos mentales excéntricos. A pesar de su considerable riqueza, sus gustos personales eran sencillos, y su servicio doméstico en Baskerville Hall consistía en un matrimonio apellidado Barrymore, actuando el marido como mayordomo y la mujer como ama de llaves. Sus declaraciones, corroboradas por las de varios amigos, tienden a demostrar que la salud de sir Charles estuvo quebrantada durante algún tiempo, y apuntan especialmente a alguna afección cardíaca que se manifestaba en cambios de coloración, falta de aire y ataques agudos de depresión nerviosa. El doctor James Mortimer, amigo y médico de cabecera del difunto, ha declarado en el mismo sentido. > > “Los hechos del caso son sencillos. Sir Charles Baskerville tenía la costumbre de pasear todas las noches antes de acostarse por el famoso olivar de tejos de Baskerville Hall. El testimonio de los Barrymore demuestra que esta era su costumbre. El cuatro de mayo, sir Charles había manifestado su intención de partir al día siguiente hacia Londres y le había ordenado a Barrymore que le preparara el equipaje. Esa noche salió como de costumbre para su paseo nocturno, durante el cual solía fumar un cigarro. Jamás regresó. A las doce, Barrymore, al ver que la puerta principal seguía abierta, se alarmó y, encendiendo un linterna, salió en busca de su amo. El día había estado lluvioso y las huellas de
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La maldición de los Baskerville
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