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nydus/The Hound of the BaskervillesPublic
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IX. La luz sobre el páramo

quedó un minuto mirando cómo se alejaban y luego desanduvo el camino lentamente, con la cabeza gacha, la viva imagen del abatimiento. Qué significaba todo aquello no alcanzaba a imaginarlo, pero me avergonzaba profundamente haber presenciado una escena tan íntima a espaldas de mi amigo. Así pues, corrí colina abajo y me encontré con el baronet al pie de la misma. Su rostro estaba enrojecido por la ira y tenía las cejas fruncidas, como alguien que se encuentra al límite de su desconcierto sobre qué hacer. —¡Hola, Watson! ¿De dónde ha caído usted? —dijo—. ¡No querrá decir que me ha seguido a pesar de todo! Se lo expliqué todo: cómo me había sido imposible quedarme atrás, cómo le había seguido y cómo había presenciado cuanto había ocurrido. Por un instante sus ojos centellearon hacia mí, pero mi franqueza desarmó su enojo y estalló al fin en una risa bastante apesadumbrada. —Uno habría pensado que en medio de ese páramo estaría lo bastante a salvo para guardar la intimidad —dijo—, pero, ¡rayos!, parece que toda la comarca ha salido a verme cortejar... ¡y a fe que ha sido un pésimo cortejo! ¿Dónde tenía reservado su asiento? —Estaba en aquella colina. —¿En la última fila, eh? Pero su hermano sí que estaba bien situado en primera línea. ¿Le vio abalanzarse sobre nosotros? —Sí, lo vi.

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