Codal
nydus/The Hound of the BaskervillesPublic
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I. Mr. Sherlock Holmes

sacó papel y tabaco y lió el uno en el otro con sorprendente destreza. Tenía dedos largos y temblorosos, tan ágiles e inquietos como las antenas de un insecto.

Holmes guardaba silencio, pero sus rápidas y furtivas miradas me demostraban el interés que le inspiraba nuestro curioso compañero.

—Supongo, caballero —dijo por fin—, que no habrá sido con el único propósito de examinar mi cráneo por lo que me ha hecho el honor de venir aquí anoche y de nuevo hoy.

“No, señor, no; aunque me alegro de haber tenido la oportunidad de hacer también eso. Vine a usted, Mr. Holmes, porque reconozco que yo mismo soy un hombre poco práctico y porque de repente me enfrento a un problema gravísimo y extraordinario. Reconociendo, como reconozco, que usted es el segundo mayor experto de Europa⁠—”

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