—De acuerdo, pues. Te lo prometo, después de las fiestas, ojalá...
Ah, sí, ahí está tu Integral. Siempre se me olvida preguntar; ¿se terminará pronto?
“No. ¿«Ojalá» qué? ¡Otra vez! ¿«Ojalá» qué?”
Ella, ya en la puerta:
“Ya verás”.
Volví a estar solo. Todo lo que dejó tras de sí fue un perfume apenas perceptible, similar al de un dulce y seco polvo amarillo de flores de más allá del Muro Verde; además, hundidos profundamente en mí, signos de interrogación como pequeños anzuelos similares a los que los antiguos usaban para pescar (véase el Museo Prehistórico).
… ¿Por qué preguntó de repente por el Integral?