«Este es mi último libro. Venía a traérselo. Casi se me olvida. Adiós». ( b como un chap.) La bolita salió
Estoy solo. O, para ser más exacto, estoy tête-à-tête con ese otro yo.
Me siento en el sillón y, habiendo cruzado las piernas, observo con curiosidad desde algún indeterminado «allí», ¡cómo yo (mismo) me estoy achicando en mi cama!
¿Por qué, ay, por qué será que durante tres años R—, O— y yo fuimos tan amigos y ahora de repente—una sola palabra acerca de esa otra hembra, acerca de I-330, y… Es posible que esa locura llamada amor y celos exista no solo en los libros idióticos de los antiguos? Lo que parece más extraño es que yo, ¡yo!… ¡Ecuaciones, fórmulas, cifras y de repente esto! ¡No lo puedo entender, no lo puedo entender! Mañana iré a ver a R— y se lo diré. … No, no es verdad; no iré; ni mañana ni pasado mañana, ni nunca. … No puedo, no quiero verlo. Este es el fin. Nuestro triángulo se ha roto.
Estoy solo. Es de noche. Hay una ligera niebla. El cielo está cubierto por un fino tejido lechoso y dorado. Si tan solo supiera qué hay ahí arriba. Si tan solo supiera quién soy. ¿Cuál de todos soy yo?