reglas de aritmética? ¡Y las “Espinas!” Esta es una imagen clásica: los Guardianes son espinas en torno a una rosa; espinas que protegen nuestra tierna Flor del Estado de las manos rudas. ¿Qué corazón podría resistirse, podría permanecer indiferente al ver y oír los labios de nuestros niños recitar como una oración: “Un mal chico cogió la rosa con la mano pero la espina de acero le pinchó como una aguja; el mal chico lloró y se marchó a casa corriendo”, etcétera, etcétera. ¡Y las “Odas Diarias al Bienhechor”! ¿Quién, habiéndolas leído, no se postrará piadosamente ante el abnegado servicio de ese Número entre los Números? * ¡Y las espantosas “Flores de Sentencias Judiciales” rojas! * ¡Y la tragedia inmortal, “Los que llegan tarde al trabajo”! * ¡Y el libro popular, “Estancias sobre
Toda nuestra vida, en toda su complejidad y belleza, queda así acuñada para siempre en el oro de las palabras. Nuestros poetas ya no remontan el vuelo hacia lo desconocido; han descendido a la tierra y marchan con nosotros, marcando el paso al compás del austero y mecánico Desfile de la Torre del Estado. Su lira es el roce matutino de los cepillos de dientes eléctricos, y el crujido amenazante de las chispas eléctricas que brotan de la Máquina del Bienhechor, y el magnífico eco del Himno del Estado Único, y el íntimo repique de los lavabos cristalinos y relucientes, y el estimulante crujido de las cortinas al caer, y las alegres voces de los más nuevos libros de cocina, y el susurro casi imperceptible de las membranas de las calles. …
Nuestros dioses están aquí, abajo. Están con nosotros en la Oficina, en la cocina, en las tiendas, en los retretes. Los dioses se han vuelto como nosotros, ergo nosotros nos hemos vuelto como los dioses. Y acudiremos a vosotros, mis desconocidos lectores en otro planeta, acudiremos a