uno o dos minutos, me quedé esperando a que ocurriera algún milagro; tal vez sonaría el teléfono, tal vez ella diría aquello. … Pero no, ningún milagro.
Me voy, marcho hacia lo desconocido. Estas son mis últimas líneas. Adiós a vosotros, mis desconocidos amados, con los que he vivido a través de tantas páginas, ante los que he desnudo mi alma enferma, mi ser entero hasta el último tornillo roto, hasta el último muelle agrietado.
… Me voy.
…