Pasé junto a un anfiteatro (no recuerdo su número). Adentro, los bancos se apilaban contra las paredes. En el medio, mesas cubiertas de láminas de vidrio blanco como la nieve, con manchas rosadas de sangre solar sobre el blanco. … Se anunciaba en todo aquello un mañana desconocido y por ende alarmante. Es antinatural para un ser humano que piensa y ve vivir entre irregularidades, incógnitas, equis. Si de repente te cubrieran los ojos con una venda y te soltaran a tientas, a tropezones, siempre consciente de que muy cerca de ti se encuentra la línea fronteriza, un solo paso y no quedará de ti más que un trozo de carne comprimido y sofocado. … Ahora me siento un poco así.
… ¿Y si sin esperar nada yo debiera… simplemente bajar la cabeza?… ¿No sería lo único correcto por hacer? ¿Desenredarlo todo de un golpe?