Una carta—Una batida—Peludo I.
Ayer fue para mí como una especie de papel de filtro que los químicos usan para filtrar sus soluciones (todas las partículas suspendidas y superfluas se quedan en el papel).
Esta mañana bajé completamente purificado y destilado, transparente.
Abajo, en el vestíbulo, la controladora estaba sentada a una mesita, mirando constantemente su reloj y registrando los Números que salían. Su nombre es U-… bueno, prefiero no dar su Número, pues temo no escribir amablemente sobre ella. Aunque, a decir verdad, es una mujer muy respetable y madura. Lo único que no me gusta de ella es que sus mejillas se pliegan un poco como las branquias de un pez (aunque no le veo nada de malo a este aspecto).
Rasguñaba con su pluma y vi en la página «D-503» y, de pronto, ¡saz!, una mancha de tinta. No bien hube abierto la boca para llamarle la atención sobre eso, cuando ella levantó la cabeza y me borroneó con una sonrisa tintera.
«Hay una carta para ti. La recibirás, cariño. Sí, sí, la recibirás».
Yo sabía que una carta, después de haberla leído, debía pasar por la Mesa de los Guardianes (creo innecesario explicar en detalle este orden natural de las cosas); la recibiría a más tardar a las doce. Pero aquella diminuta sonrisa me desconcertó; la gota de tinta nubló la transparencia de la solución destilada. En el muelle del Integral no pude concentrarse; incluso cometí un error en mis cálculos—eso jamás me había sucedido antes.