Versos afilados y cortantes como un hacha. … Hablaban de un crimen nunca visto, de poemas sacrílegos en los que se nombraba al Bienhechor. … Pero no, no me atrevo a repetir. …
R-13 estaba pálido cuando terminó, y sin mirar a nadie (no esperaba tal timidez de su parte) descendió y se sentó. Durante una fracción infinitesimal de segundo vi justo a su lado el rostro de alguien —un triángulo afilado y negro— e instantáneamente lo perdí; mis ojos, miles de ojos, estaban dirigidos hacia arriba, hacia la Máquina. Luego —nuevamente el gesto sobrehumano, de hierro fundido, de la mano.
Sacudido por un viento desconocido, el criminal se movió; un paso... uno más... luego el último paso de su vida. Tenía el rostro vuelto hacia el cielo, la cabeza echada hacia atrás; estaba en su última...
Pesado, pétreo como el destino, el Bienhechor dio la vuelta a la máquina, puso su enorme mano sobre la palanca...
Ni un susurro, ni un aliento alrededor; todas las miradas estaban fijas en aquella mano... ¡Qué fuerza aplastante y abrasadora hay que sentir para ser el instrumento, para ser la resultante de cientos de miles de voluntades! ¡Qué grande su destino!
Otro segundo. La mano bajó, conectando la corriente. La hoja afilada como un relámpago de la raya eléctrica.
… Un leve crujido como un estremecimiento, en los tubos de la Máquina.
… El cuerpo tendido, cubierto por un ligero humo fosforescente; luego, de repente, ante los ojos de todos, comenzó a derretirse, a derretirse, a disolverse con terrible velocidad. Y después nada; solo un charco de agua químicamente pura que hacía apenas un momento era tan roja y pulsaba en su corazón.
…