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Registro veintiocho

impedir así el disparo.⁠ ⁠… ¡Es una absoluta locura!

Una sonrisa.

“ «Todos debemos enloquecer, enloquecer cuanto antes». Fue ayer, ¿te acuerdas?”.

Sí, ella tenía razón; incluso lo había escrito. Por consiguiente, había ocurrido de verdad.

En silencio la miré a la cara. En ese momento la cruz oscura era especialmente nítida.

“I- , querida, antes de que sea demasiado tarde.⁠ ⁠… Si quieres⁠ ⁠… lo dejaré todo, lo olvidaré todo, y nos iremos allá, más allá del Muro, con ellos .⁠ ⁠… Ni siquiera sé quiénes son.⁠ ⁠…”

Ella negó con la cabeza. A través de las oscuras ventanas de sus ojos vi en su interior un horno llameante, chispas, lenguas de fuego y por encima de ellas un montón de leña seca y alquitranada. Me quedó claro que ya era demasiado tarde, mis palabras de nada podían servir.

Se puso de pie. Pronto se iría. Tal vez estos eran los últimos días, o los últimos minutos.⁠ ⁠… Le tomé la mano.

—No, quédate un poco más... por el bien... por el bien...

Ella levantó lentamente mi mano hacia la luz, mi pata peluda que tanto detesto. Quise retirarla, pero ella la sostuvo con fuerza.

“Tu mano.⁠ ⁠… Indudablemente no sabes, y muy pocos lo saben, que las mujeres de por aquí solían enamorarse de ellos de vez en cuando. Probablemente hay en ti unas pocas gotas de esa sangre del sol y de los bosques. Quizá por eso yo.⁠ ⁠…”

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