Caminaba solo por la calle oscurecida. El viento remolineaba, me llevaba, me arrastraba como a un trozo de papel; fragmentos del cielo plomizo remontaban el vuelo, remontaban el vuelo—tenían que surcar el infinito durante uno o dos días más—.
Unifórmes de Números me rozaban los costados—mas yo caminaba solo. Me era evidente que todos estaban salvados, pero que no había salvación para mí. Pues yo no quiero la salvación. …