dudo de que sir E. Lytton Bulwer pensaba en mí cuando introdujo en una de sus novelas a un profesor Long, que había escrito dos voluminosos tomos sobre las lapas.
Aunque empleé ocho años en esta obra, anoto en mi diario que perdí cerca de dos años de este tiempo debido a una enfermedad.
Por este motivo fui en 1848 durante unos meses a Malvern para seguir un tratamiento hidropático, el cual me hizo mucho bien, de modo que a mi regreso a casa pude reanudar el trabajo.
Tan detorable era mi estado de salud que cuando mi querido padre murió el 13 de noviembre de 1848, no pude asistir a su funeral ni actuar como uno de sus albaceas.
Mi trabajo sobre los Cirripedios posee, a mi juicio, un valor considerable pues, además de describir varias formas nuevas y notables, aclaré las homologías de las diversas partes —descubrí el aparato cementante, aunque me equivoqué horriblemente sobre las glándulas del cemento— y, por último, probé la existencia en ciertos géneros de machos diminutos, complementarios y parásitos de los hermafroditas.
Este último descubrimiento ha sido finalmente confirmado por completo; aunque en una ocasión a un escritor alemán le plugo atribuir todo el relato a mi fértil imaginación.
Los cirripedios forman un grupo de especies altamente variable y difícil de clasificar; y mi trabajo me fue de gran utilidad cuando tuve que discutir en el 'Origen de las especies' los principios de una clasificación natural. No obstante, dudo que el trabajo valiera el consumo de tanto tiempo.
Desde septiembre de 1854 dediqué todo mi tiempo a ordenar mi enorme pila de notas, a observar y a experimentar en relación con la transmutación de las especies.