Traté muchísimo a Lyell. Una de sus características principales era su simpatía por el trabajo de los demás, y me quedé tank asombrado como encantado por el interés que mostró cuando, a mi regreso a Inglaterra, le expuse mis puntos de vista sobre los arrecifes de coral. Esto me animó enormemente, y sus consejos y ejemplo ejercieron gran influencia en mí. Durante este tiempo también vi bastante a Robert Brown; solía ir a menudo a visitarlo y sentarme con él durante su desayuno los domingo por la mañana, y derrochaba un rico tesoro de observaciones curiosas y agudos comentarios, pero casi siempre se referían a cuestiones minúsculas, y jamás discutió conmigo cuestiones científicas amplias o generales.
Durante estos dos años hice varias excursiones cortas como distracción, y una más larga a las Carreteras Paralelas de Glen Roy, un relato de la cual fue publicado en las 'Philosophical Transactions'. (1839, páginas 39-82).
Este artículo fue un gran fracaso, y me avergüenzo de él. Habiendo quedado profundamente impresionado por lo que había visto acerca de la emersión de la tierra en América del Sur, atribuí las líneas paralelas a la acción del mar; pero tuve que abandonar este punto de vista cuando Agassiz propuso su teoría de los lagos glaciares.
Como no era posible ninguna otra explicación bajo nuestro estado de conocimiento de entonces, argumenté en favor de la acción del mar; y mi error ha sido una buena lección para no confiar jamás en la ciencia al principio de exclusión.
Como no podía dedicarme todo el día a la ciencia, leí bastante durante estos dos años sobre diversos temas, incluidos algunos libros de metafísica; pero no estaba muy capacitado para tales estudios. Por entonces disfruté mucho con la poesía de Wordsworth y Coleridge, y puedo presumir de haber leído el «Excursion» dos veces enteras.