que te gustara ver extractos de tus cartas debidamente reseñados en este mismo periódico. He sopesado lo mejor que he podido si alguna parte de tus actuales cartas es apta para el Athenaeum (en el cual no tengo ningún interés, ya que las bestias ni siquiera se han DIGNADO A RESEÑAR mis tres volúmenes de geología que les envié), y he llegado a la conclusión de que es mejor no enviarlas. Estoy seguro de que, dadas todas las circunstancias, a menos que te esfuerces y escribas CON ESMERO un resumen condensado y pulido de algún aspecto llamativo de tus viajes, es mejor no enviar nada. Estas dos cartas son, además, demasiado geológicas para el Athenaeum y casi requieren grabados en madera. Por otra parte, apenas hay suficientes detalles para una comunicación a la Sociedad Geológica. No me cabe la MÁS MÍNIMA DUDA de que tus datos son del mayor interés en lo que respecta a la acción glaciar en el Himalaya; pero tanto a Lyell como a mí nos pareció que tus pruebas deberían haberse expuesto con mayor claridad...
He escrito tan recientemente que no tengo nada que decir acerca de mí mismo; mi salud me impidió continuar con una cruzada contra el «mihi» y el «nobis», de cuyos peligros me adviertes. Mostré mi artículo a tres o cuatro naturalistas, y todos coincidieron conmigo hasta cierto punto: con salud y vigor, no habría mostrado cobardía, [y] con la ayuda de media docena de naturalistas realmente buenos, creo que algo se habría podido hacer contra la miserable y degradante pasión de la mera catalogación de especies.
En tu carta te preguntas qué tiene que ver la «Avicultura Ornamental» con los percebes; pero no te hagas ilusiones de que no llegaré a vivir para terminar los percebes, y luego hacer el ridículo sobre el tema de las especies, bajo cuyo epígrafe las aves de corral ornamentales son muy interesantes...
CHARLES DARWIN A C. LYELL.