aceptar el «darwinismo» como una hipótesis de trabajo y ver qué se podía hacer con él. O bien demostraría su capacidad para elucidar los hechos de la vida orgánica, o bien se vendría abajo bajo la presión. Este era sin duda el dictado del sentido común; y, por una vez, el sentido común se impuso. El resultado ha sido ese completo volte-face de todo el mundo científico que debe de parecerle tan sorprendente a la generación actual. No quiero decir que todos los líderes de la ciencia biológica se hayan declarado darwinianos; pero no creo que haya un solo zoólogo, botánico o paleontólogo, entre la multitud de investigadores activos de esta generación, que no sea un evolucionista profundamente influido por las opiniones de Darwin. Cualquiera que sea el destino último de la teoría particular propuesta por Darwin, me atrevo a afirmar que, hasta donde alcanza mi conocimiento, todo el ingenio y toda la erudición de los críticos hostiles no les han permitido aducir un solo hecho del cual pueda decirse que es irreconciliable con la teoría darwiniana. En la prodigiosa variedad y complejidad de la naturaleza orgánica, hay multitud de fenómenos que no se pueden deducir de ninguna de las generalizaciones a las que hemos llegado hasta ahora. Pero lo mismo puede decirse de cualquier otra clase de objetos naturales. Creo que los astrónomos aún no logran poner los movimientos de la luna en perfecta concordancia con la teoría de la gravitación.
Sería inapropiado, aun de ser posible, discutir en el curso de esta breve historia de la recepción de la gran obra del señor Darwin las dificultades y los problemas no resueltos que hasta ahora han salido al paso del evolucionista, y que probablemente seguirán desconcertándole durante generaciones.
Pero hay dos o tres objeciones de carácter más general, fundamentadas —o supuestamente fundamentadas— en bases filosóficas y teológicas, que se expresaron con fuerza en los primeros tiempos de la controversia darwiniana y que, aunque han sido respondidas una y otra vez, surgen de vez en cuando hasta el día de hoy.