respuesta cortés, aunque creo que no sacó mucho material para su discurso. Su norma era agradecer el envío de libros, pero no el de folletos. A veces manifestaba su sorpresa de que tan poca gente le agradeciera los libros que regalaba generosamente; las cartas que sí recibía le causaban gran alegría, ya que, como solía tener un concepto muy modesto del valor de todas sus obras, por lo general se sorprendía del interés que estas suscitaban.
En los asuntos de dinero y negocios era sumamente cuidadoso y exacto. Llevaba las cuentas con gran esmero, clasificándolas y haciendo balance al final del año como un comerciante. Recuerdo la rapidez con la que extendía la mano para buscar su libro de contabilidad y anotar cada cheque pagado, como si tuviera prisa por registrarlo antes de olvidarlo.
Su padre debió de haberle hecho creer que sería más pobre de lo que en realidad era, pues cierta dificultad experimentada al buscar una casa en el campo debió de provenir de la modesta suma que se consideraba dispuesto a dar.
Sin embargo, sabía, por supuesto, que estaría en una situación desahogada, ya que en sus Recuerdos menciona esto como una de las razones por las cuales no había estudiado medicina con tanto celo como lo habría hecho de haberse visto obligado a ganarse la vida.
Tenía una economía particular con el papel, pero era más bien un pasatiempo que una economía real. Todas las hojas en blanco de las cartas recibidas se guardaban en una carpeta para usarlas al tomar notas; era su respeto por el papel lo que le hacía escribir tanto en los dorsos de sus antiguos manuscritos y de este modo, desgraciadamente, destruyó grandes partes del manuscrito original de sus libros. * Su sentimiento hacia el papel se extendía al papel usado, y se oponía, medio en broma, a la costumbre descuidada de