muy escéptico, un estado mental que considero perjudicial para el progreso de la ciencia. Conviene cierto grado de escepticismo en un hombre de ciencia para evitar una gran pérdida de tiempo, pero he conocido a no pocos hombres que, estoy seguro, a menudo se han visto impedidos de este modo de realizar experimentos u observaciones que habrían resultado directa o indirectamente útiles.
Como ilustración, expondré el caso más extraño que he conocido.
Un caballero (quien, según supe después, es un buen botánico local) me escribió desde los condados del Este diciéndome que este año las semillas o judías de la haba común habían crecido por doquier en el lado equivocado de la vaina. Le contesté pidiéndole más información, ya que no entendía a qué se refería; pero no recibí respuesta alguna durante muchísimo tiempo.
Luego vi en dos periódicos, uno publicado en Kent y el otro en Yorkshire, unos sueltos que afirmaban que era un hecho singularísimo que «las habas este año habían crecido todas en el lado equivocado». Así que pensé que debía haber algún fundamento para una afirmación tan generalizada.
En consecuencia, fui a ver a mi jardinero, un viejo natural de Kent, y le pregunté si había oído algo al respecto, a lo que él respondió: «Oh, no, señor, debe de ser un error, pues las habas solo crecen en el lado equivocado en los años bisiestos, y este no es un año bisiesto». Le pregunté entonces cómo crecían en los años comunes y cómo en los bisiestos, pero pronto descubrí que no sabía absolutamente nada de cómo crecían en ningún momento, a pesar de lo cual se aferraba a su creencia.
Pasado un tiempo, tuve noticias de mi primer informador, quien, con muchas disculpas, me dijo que no me habría escrito de no haber oído la afirmación de varios agricultores inteligentes; pero que desde entonces