Habiendo oído, por casualidad, de dos personas que habían recibido mucho beneficio de la cura por el agua, conseguí el libro del Dr. Gully, hice más averiguaciones y finalmente vine aquí, con mi esposa, mis hijos y todos nuestros sirvientes. Hemos alquilado una casa por dos meses y ya llevamos quince días aquí. Ya estoy un poco más fuerte... El Dr. Gully está bastante seguro de que puede hacerme bien, cosa que con toda certeza los médicos tradicionales no pudieron... Siento la certeza de que la cura por el agua no es ninguna charlatanería.
Cómo disfrutaré volviendo a Down con la salud renovada, si tal es mi buena suerte, y retomando los muy queridos percebes.
Ahora espero que me perdone por mi negligencia al no haber respondido antes a su carta. Me interesó muchísimo el esbozo que hace de su planeada gran expedición, de la cual supongo que pronto estará de regreso. Cuánto deseo de todo corazón que resulte exitosa en todos los sentidos...
[Cuando mi padre estaba en el Establecimiento de Hidroterapia de Malvern, entró en contacto con la clarividencia, sobre la cual escribe en el siguiente extracto de una carta a Fox, de septiembre de 1850.
«Me hablas de la homeopatía, un tema que me irrita aún más que la clarividencia. La clarividencia trasciende tanto la creencia, que las facultades ordinarias de uno quedan fuera de juego, pero en la homeopatía entran en juego el sentido común y la observación común, y ambos deben irse a paseo si las dosis infinitesimales tienen efecto alguno. Cuán verdadero es un comentario que vi el otro día de Quetelet, respecto a la evidencia de los procesos curativos, a saber, que nadie sabe en la enfermedad cuál es el resultado simple de no hacer nada, como estándar con el cual comparar la homeopatía y todas esas otras cosas. Es un triste defecto, no puedo dejar de pensar, en mi querido Dr. Gully, que lo cree