Siempre que disfruto de algo, ansío ponerme a escribirlo, ya sea en mi cuaderno de bitácora (que va aumentando de grosor), o en una carta; así que habréis de disculpar el entusiasmo, y ese entusiasmo mal expresado. Noto que mis colecciones están aumentando de manera maravillosa, y desde Río creo que me veré obligado a enviar un cargamento a casa.
Todos los interminables retrasos que experimentamos en Plymouth han sido de lo más afortunados, ya que verdaderamente creo que jamás nadie ha partido mejor provisto para recolectar y observar en las distintas ramas de la Historia Natural. En la multitud de consejeros sin duda encontré un buen puerto.
Para mi gran sorpresa, descubro que un barco es singularmente cómodo para toda clase de trabajo. Todo está tan a la mano, y el estar apretados lo vuelve a uno tan metódico, que al final he salido ganando.
Ya he llegado a considerar el ir al mar como un lugar apacible y regular, como volver a casa tras haber estado fuera. En resumen, encuentro que un barco es una casa muy cómoda, con todo lo que uno necesita, y si no fuera por el mareo, todo el mundo sería marinero.
No creo que haya mucho peligro de que Erasmus siga el ejemplo, pero por si acaso llegara a hacerlo, puede estar seguro de que no conoce ni la décima parte de los sufrimientos del mareo.
Me gustan los oficiales mucho más que al principio, especialmente Wickham, y el joven King y Stokes, y de hecho todos ellos. El capitán sigue mostrándose constantemente muy amable y hace todo lo que está en su poder para ayudarme. Nos vemos muy poco cuando estamos en puerto; nuestras ocupaciones nos llevan por caminos muy distintos. Jamás en mi vida he conocido a un hombre capaz de soportar una parte tan grande de fatiga. Trabaja sin cesar y, cuando Aparentemente no está