Tengo poco o más bien nada que decir sobre mí mismo; vivimos como un reloj y de la que la mayoría de la gente consideraría la manera más aburrida posible. Últimamente he estado trabajando como un esclavo, con gran desconcierto de mis desdichados órganos digestivos, en lo de América del Sur, y gracias a todos los hados, ya he hecho las tres cuartas partes.
Escribir un inglés sencillo se me vuelve cada vez más difícil, y nunca alcanzable. En cuanto a tu pretensión de que leerás algo tan aburrido como mis puras descripciones geológicas, no te pongas tal bálsamo lisonjero en el alma (Sobre el mismo tema le escribió a Fitz-Roy: «He enviado mi "Geología de América del Sur" a Dover Street, y la recibirás, sin duda, con el tiempo. No sabes lo que amenazas cuando propones leerla; es puramente geológica. Le dije a mi hermano: "Por supuesto que la leerás", y su respuesta fue: "¡Por mi vida, que preferiría hasta comprarla!"») porque es increíble.
Hace mucho que he descubierto que los geólogos nunca leen las obras de los demás, y que el único objetivo de escribir un libro es probar la propia seriedad y que uno no forma sus opiniones sin someterse a un trabajo de algún tipo. La geología es actualmente muy oral, y lo que aquí digo es en gran medida muy cierto. Pero te estoy dando una perorata tan larga como un capítulo del odioso libro en sí.
He estado últimamente en Shrewsbury y he encontrado a mi padre sorprendentemente bien y animado.
Créame, mi querido y viejo amigo, siempre suyo, C. DARWIN.
CHARLES DARWIN A J.D. HOOKER. Down, lunes [10 de febrero de 1845].
Mi querido Hooker,