Me llevó a abordar este tema la lectura de un breve artículo de Asa Gray, publicado en 1858. Me envió semillas y, al cultivar algunas plantas, quedé tan fascinado y perplejo por los movimientos giratorios de los zarcillos y tallos —movimientos que en realidad son muy simples, aunque a primera vista parezcan muy complejos—, que conseguí varias otras clases de plantas trepadoras y estudié todo el asunto. Me sentí tanto más atraído por él cuanto que no estaba nada satisfecho con la explicación que Henslow nos dio en sus conferencias sobre las plantas volubles, a saber, que tenían una tendencia natural a crecer en espiral. Esta explicación resultó ser completamente errónea. Algunas de las adaptaciones mostradas por las plantas trepadoras son tan bellas como las de las orquídeas para asegurar la fecundación cruzada.
Mi obra Variación de los animales y las plantas bajo domesticación comenzó, como ya he dicho, a principios de 1860, pero no se publicó hasta principios de 1868. Era un libro gordo y me costó cuatro años y dos meses de duro trabajo.
Contiene todas mis observaciones y una inmensa cantidad de hechos recopilados de diversas fuentes acerca de nuestras producciones domésticas. En el segundo volumen se discuten las causas y las leyes de la variación, la herencia, etc., hasta donde nuestro estado actual de conocimiento lo permite.
Hacia el final de la obra expongo mi tan vituperada hipótesis de la pangénesis. Una hipótesis no verificada tiene poco o ningún valor; pero si en el futuro alguien se siente llevado a hacer observaciones mediante las cuales pueda establecerse alguna hipótesis de este tipo, habré hecho un buen servicio, ya que así se puede conectar y hacer inteligible un número asombroso de hechos aislados.
En 1875 se publicó una segunda edición, ampliamente corregida, que me costó una buena cantidad de trabajo.