Encuentro que se pierde muchísimo tiempo corrigiendo detalles y verificando su precisión. La obra gubernamental de Zoología es una piedra de molino alrededor de mi cuello, y el ensayo sobre Glen Roy me ha costado seis semanas. No diré, sin embargo, que se han perdido; pues, suponiendo que pueda demostrar a satisfacción de otros lo que me ha convencido a mí mismo, la deducción, creo que admitirás, es importante. No me cabe duda de que la materia fundida bajo la corteza terrestre posee un alto grado de fluidez, casi como el mar bajo el hielo flotante. A propósito, espero que me des algún caso sueco para citar, de conchas preservadas en la superficie, pero no en depósitos contemporáneos de grava...
Recuerda lo que te he oído decir a menudo: el campo es muy malo para el intelecto; las brumas escocesas apagarán algunas especulaciones volcánicas. Ya ves que pretendo hacerme muy de Londres, y despreciar a la pobre gente del campo, que respira aire fresco en vez de humo, y ve los hermosos campos en lugar de las casas de ladrillo en Marlborough Street, cuya sola vista confieso que aborrezco. Me alegra saber el informe tan favorable que das de la Asociación Británica. Me complace aún más porque he estado defendiéndola en batallas contra Basil Hall, Stokes y varios otros, habiéndome convencido, a partir de la reseña en el "Athenaeum", de que debió de ser una reunión excelente. Me ha divertido mucho el relato que he recibido de las guerras de don Rodrigo (Murchison) y Babbage. Qué lástima tan grande que este último sea tan implacable... Esta es una carta de lo más disparatada, pues tras cada frase tomo aliento, y tú lo vas a necesitar para leerla...
Deseo con todo mi corazón que mi libro de Geología ya estuviera publicado. Tengo todos los motivos para trabajar duro y, siguiendo sus pasos, trabajaré justo con el grado de intensidad necesario para mantener la salud.